Picota profundo con reflejo entre corintos y carmesí. De buena capa y lágrima lenta.
Apoteósico en nariz; empiezan zarza y arándano (que con tiempo serán cereza) sobre menta yaire terroso de romero y lavanda. Hasta que asalta el regaliz, que se hace con todo. Rematan humo de pipa y un apunte lácteo soberbio a dulce de leche entre barrica y maloláctica.
Aspira a redondo en boca; alcohol firme que compensa tanino frío y acidez nutrida. Cuerpo serísimo.
Cereza rabiosa en retronasal. Le siguen canela suave, clavo tímido y un raudal de matices insondable.
En este mar de Riberas obedientes cuesta encontrar incontestables como este Parcela. No supera aquel refinado 2016, pero sigue dando esas notas que toca el Duero cuando se le hace justicia. Estrenamos etiqueta: Ribera Sinfónico.
López Cristóbal es Ribera profunda. Corazón de la Ribera, diríase; se ve la bodega desde el mirador del Espolón, en Roa. Es familiar, muy familiar. Tanto, que tienen la casa confundida con la propia bodega. Casi todo lo que hacen es una perla porque se les han juntado dos gracias; mitad suerte y mitad curre castellano. La primera viene de una uva soberbia; empezaron de viticultores en los ochenta y el primer año que se pusieron a elaborar, ya ganaron premios. No hay que ser muy sabuesos para adivinarles una materia prima extraordinaria.
Aunque la uva tampoco se vende sola; hay un talento nato para el negocio en la familia. Han sabido leer la Ribera; plantar cuando tocaba y una gama variada, pero con identidad. Lo dicho, firma de oro. Saboir faire, dirían los franchutes.
Este Parcela hereda en sus 15 000 botellas el antiguo Reserva, que ya no se vende. Llamado así porque fue la viña que inauguró la DO en la familia, harán ya sus buenos 30 y muchos años.
Siempre parece quedar por detrás del famoso Bagús (el vino, quizá, más insigne de la bodega) pero tiene un perfil mucho más clásico. Más serio. Esto es, menos fruta, menos rabia, menos nervio, más seda, más madera, más Ribera; como pocos. Lo avalan 16 meses de roble nuevo mayoritariamente francés y otros 24 de botella aunque se recomiende guardar lo que haga falta porque tiene vida para rato largo. Con tres añitos de guarda, no obstante, se le puede dar ya el visto bueno.
Este vino es de los nuestros. Por historia, además, de los primerísimos que recomendamos. Definición de alhaja; marketing desapercibido y propuesta impecable de una libre interpretación. En este caso, rebosa respeto por esa idea perdida de Reserva ribereño de los de antaño; raudense de pura cepa, nunca mejor dicho.