Bigardo

Picota de granates reflejos y capa cuasi alta. Limpio pero no brillante.
Nariz singular y muy expresiva. Arrancan mora, frambuesa y madera de eucalipto y barniz. Se luce lavanda y al apremio del aire confiesan resinas, cuero y humo remoto sobre fondo de canela y clavo. Detalles.
En boca, todo potente y todo funciona. Acidez, amargor, alcohol medido y tanino de buen calibre. Ligero cuerpo, poco toresano.
Compleja retronasal; orujo y una lectura del tomillo balsámico muy peculiar. Negocia aquella fruta negra ahora con roja. Sostiene ahumados y otro par de ventoleras.

De Toro al cielo para renegar de la plantilla y bendecir la zona con nueva lírica; rebeldísima, pero rima. Con todo y ese descaro rural, rebosa estilo. Peregrino de cabo a rabo. Y eso, por si no está claro, es un 10, lo menos.


Como es inviable hablar de Bigardo sin mentar a Don Kiko, vamos a empezar mejor por Don Kiko y a terminar por Bigardo. Se dice a sí mismo «hacedor de vinos» y en la contraetiqueta de sus botellas puede leerse «Tinta de Toro (no tempranillo)». Todo pistas. Es una cabeza repleta de filosofía, de campo y de Toro. Friki es la palabra fea que esta sociedad mediocre le ha reservado a los maníacos de lo suyo con las cosas claras; como si fuese algo malo el que las musas no le dejen a uno dormir. Eso debe pasarle al señor Kiko y a otros pocos héroes del vino que creen que, en esto del buen gusto, todavía no está todo inventado.

Hecho honor a la verdad sobre Don Kiko Calvo, hablemos de su Bigardo. Mejor dicho, habla él, en exclusiva para Ley Seca: «(…) la bandera de la bodega. Se trata de no ser estándar empezando por el estilo del vino y acabando… o comenzando quizás con la etiqueta. Más fruta roja, demasiado ligero para ser Toro en Toro y demasiado potente en el resto del mundo. Con estas cosas convivimos. No deja de ser un buen vino con mucha personalidad que poco tiene que ver con otros vinos de la zona. Buena acidez natural, (…) nada de levaduras externas, de adiciones innecesarias, si podemos… y podemos hacerlo de manera artesanal o natural, no vamos a intervenir. El intervencionismo mínimo, aunque suena cursi, es nuestra filosofía.»

Así que Bigardo es un Toro rebelde. De hecho, no ha sido como tal D.O. Toro hasta 2024, que ya parece que se han puesto de acuerdo con los burócratos. El proyecto presenta seis vinos, pero Bigardo lleva el nombre de la bodega y por algo es.

Amén del respeto a la Tinta desde la viña, quizá el quid de tanta diferencia esté en esos 9-10 meses (aprox, según añada y barrica) en barricas usadas, cada una de un padre y demás experimentos que no sabemos. El resultado es un vino que sabe a vino si definimos vino como eso que hacían nuestros mayores en el lagar; sabe a manos y, sin embargo, es complejo y de pulido concepto. Auténtico no quiere decir vasto. Todo lo contrario. En fin; uno de nuestros fetiches, por méritos.

Bienvenido, inquieto, a nuestro rincón de cata.

AVISO. Si decides seguir, te toparás con un particular mundo del vino. Una interpretación libre, divulgación rebelde y un enfoque viejo y nuevo. Enología plus. Sepas o no, jamás te lo habían ofrecido así. Pasa y empápate de nuestra ley.