Pajizo verdoso que a todas horas llora que llora.
Tríada blanca con remate berziano; manzana, heno y cítrico con albaricoque. Profundiza el heno en otros herbales lluviosos. Hierbaluisa, almíbar y almendra verde.
Más enjundia en boca; acidez viva muy bien envuelta. Denso, con mucho juego. Vertical pero horizontal; entonces, equilibrado.
Muy rica retronasal, de huerta de mayo; la manzana roja de la nariz torna membrillo y se reitera el tropical con melocotones, algo de ciruela y una adivinanza ligerísima de ahumado.
Muy sonriente varietal, con la justa seriedad. Fresco, pero completo. No complejo; tampoco
debe. Es joven, barato y ejemplar. Si la Godello de la que nació pudiese opinar,
probablemente estaría feliz.
Embotellado para Bodegas Attis, amueblada en Rías Baixas. Según las mitologías griega y frigia en un desacuerdo de versiones, Atis era un casi dios criado por pastores que, por su buena facha y garbo, llamó la atención de la diosa Cibeles, que lo reclutó de trofeo.
Atis se enamoró, en cambio, de la ninfa Sangarida y rompió con ella el celibato. Cibeles, celosona, castigó a ambos a la locura extrema, al punto de castrarse Atis a sí mismo y convertirse para siempre en el eunuco mayoral del carro de la diosa, tirado por leones. A Sangarida, directamente, la terminó matando. Un drama todo. De ahí la etiqueta tan llamativa de la pobre Sagarítide, también llamada, muerta y con un corazón pendiente.
Justificado el marketing con cultura clásica, ¿se justifica el vino? Si no, no estaría aquí. 13-14 eurillos para un godello sensorialmente precioso, sonriente. Poca historia tiene, enológicamente hablando; es rabiosamente joven y, sin embargo, no le estorba la acidez y pasa por la boca como una brisa de trópico que se ha traído media huerta.
Conceptualmente, nos parece el copeo perfecto para el amante del vino; no hay que arruinarse para pedirlo y, sin embargo, cuenta un poquito más que sus hermanos de línea. Tiene más retahíla, más registro y un puntito rebelde.
Godello funciona, entre otras cosas, porque al consumidor habitual de verdejo le resulta menos amargo pero no más ácido; es más fácil de beber, más goloso, pero no menos complejo. Mantiene el cuerpo si se le trata bien. Al consumidor habitual de albariño, en cambio, le rebaja en algo la acidez, pero no llega a amargar. Tiene personalidad propia, vaya, y en un muy enológico término medio entre las grandes blancas.
Sangarida es, entonces, nuestra propuesta de godello joven, de fresqueo, para adentrarse bonito en la variedad.