Se le ven los cuernos al servirse. Picota de ribete grana muy (muy) denso de capa y lágrima entintada.
Necesita la nariz temperatura y aire para empezar a cantar. Pero canta. Fruta madura por mora y arándano y madera llevada con tiento a mentolados y un toque singular entre ceniza y tabaco.
En boca, mucho (mucho) cuerpo. Acidez potente y tanino joven todavía por domar.
Se subleva en retronasal; explota mora y ese balsámico francés de lluvia y matorral que suele quedarse a pasar frío.
Tesoro de siete años que todavía se chupa el dedo. Dentro de otros siete estará indecible. A hoy, buena factura y muy buenas intenciones. Toro empedernido, que no clásico.
Cómo se le habrá ocurrido este vino a esta bodega. Hablar de Prada a Tope es complicado porque es para verlo; muy difícil que cualquier descriptiva se ajuste a la realidad. Podría decirse que es el narcisismo elaborado casi insano del señor Prada que le da nombre, pero sería injusto porque los vinos, todos, son tremendamente correctos, así que sería decir algo malo de algo bueno y eso, está feo.
Así que nos evitamos comentarios. Larga vida al señor Prada, con sus 80 cumplidos que bien parecen 60 y pocos. Quien pueda y quiera darse un paseo por el paraíso berciano y recalar en su Palacio de Canedo, sede de la locura, lo disfrutará seguro. Obligado queda.
San Martín es un 100% Godello particularísimo. Una frikada cojonuda, con perdón, de las que nos chiflan aquí. Cogieron la Godello de una parcela en especial que les daba pena destinar a su otro godello. Es un paraje, por lo visto, orientado al sur, con mucha pendiente y a media altitud. Le procuran fermentación espontánea en barricas gabachas dobles, de 500, y lo dejan 12 meses más. Esperan aún dos años para sacarlo, que quizá sea el puntazo que le da eso que tiene.
La nota de cata habla solita. Interpretar así la Godello es complicado entre tanta burbuja de esta “nueva” blanca que nos está dando tantas joyas como sobrantes entre Bierzo, Valdeorras y aledaños galaicos.
Verdad que El Bierzo se presta más a estos perfiles más serios, más densos y más de guarda que sus amigos los gallegos de justo a la izquierda, más pizarrosos que, por Sil abajo, tiran a conceptos más frescos y delicados. Este San Martín es un paradigma de la familia leonesa primera y casi cas, hace de patriarca.
Sonda la Godello en su faceta más de tiempo, más gastro. Es vino de tomar solo o de carne, queso y postre. Sorprendente en todo su haber; goloso, varietal y muy amigo de la madera, que se ha sabido adaptar a él y él a ella. Toda una salvedad en el panorama del godello, digamos, de calle, antes de subirnos a El Rapolao y demás altas esferas berzianas.
Hay Bierzo más allá de la moda y en botellas como éstas, se ve y se siente.