La Trucha de Otoño

Oro color miel. Limpio y con lustre.
Avisa la nariz de que hay tela. Abre dos brazos; uno de podre y otro de Albariño y tiempo. El podre, da trufa y suelo mojado; miel de romero y eucalipto fino. Uva y tiempo en forma de compota de manzana, pera, melón muy maduro, casi a higo y un coletazo de madera con vainilla.
Boca seca como cualquiera. Golosa, por los trece y medio de grado y por, sin querer, esas notas maduras de las que no se desprende uno. Acidez necesaria y suficiente.
La retronasal es otro paseo de sotobosque. Tierra empapada y aromáticas de matorral. Algo de humo y otra vez fruta vieja.

Es una buena definición de oro líquido. Es un recital. Complejo, profundo y con guarda. Diferente, sobre todo; toda una lección de lo que son capaces las Rías, si se rebuscan.


Notas Frutales de Albariño. Quizá no sea el nombre más sofisticado del mundo, pero es el que se pusieron. 13 hectáreas propias en el Condado de Tea para menos de 90 000 botellas al año. Aquel 2017, solo 650 fueron para La Trucha de Otoño. La botella número 421 se abrió en mayo del 24, en Valladolid. Siete añitos de blanco y el par de ellos o tres que le quedarán antes de empezar a negociarse. De hecho, la número 422 sigue a la espera.

Es la añada en curso porque este vino solo puede hacerse los años que se puede hacer. Los de otoños cándidos, poco atlánticos; complicado teniendo en cuenta que es Galicia. Por suerte es la bodega más oriental de Rías Baixas, o eso dicen. Pegaditos al Miño. Seleccionan uno por uno los racimos que dejarán en la viña hasta noviembre. Sobremaduran, lógicamente y los llevan a prensar intactos, sin despalillar. Fermentará en francesa el tiempo que sea necesario. Después, se embotella y ya.

No es para tanto si no lo pruebas. Si te digo que es un Tokaj pero seco, no te lo imaginas. Es un vino para románticos(as); lo bello de lo podrido. El arte de lo roto. Dejar la uva «estropearse» con tanto mimo que lo que dé sea mejor que la uva más sana del mundo.

Maridaría con tantos y tantos quesos; con dulces, con carpaccios… pero qué pecado no disfrutarlo solo. Es vino de abrir la botella a las cuatro de la tarde y no cerrarla ya nunca más; vaciarla entre dos y a las nueve irse a cenar. Es de sobremesa, de charla y de ponerse místicos. Es tan diferente al resto de cosas que, solo por lo raro, ya se disfruta. Aparte, como blanco es incontestable; pasarle siete años por encima y tener todavía buena acidez habiendo recogido la uva en noviembre es… no sabemos qué es. Mentira será, o verdad. Qué más da.

No hay mucho más útil que decir sobre él. Es toda una experiencia enológica. El que pueda, que se acerque.

La Trucha de Otoño

Notas Frutales de Albariño

Bienvenido, inquieto, a nuestro rincón de cata.

AVISO. Si decides seguir, te toparás con un particular mundo del vino. Una interpretación libre, divulgación rebelde y un enfoque viejo y nuevo. Enología plus. Sepas o no, jamás te lo habían ofrecido así. Pasa y empápate de nuestra ley.