Junio de 2024, Valladolid, ocho de la tarde; una pareja de parejas entra en un bueno y bonito gastrobar y una de las mujeres pide un Verdejo. El camarero, adecuadísimo, le pregunta cuál. La señora se descoloca y un sudor frío se le adivina. Los ojos se le abren de repente; deja unos segundos breves pero muy largos de silencio hasta que la culpa de la mente en blanco puede con ella y decide recurrir a la vieja fiable del bienquedar: “un Pariente, por favor” (si abrevias el nombre parece hasta que conoces a los dueños). “No trabajamos José Pariente señora, de Verdejos tenemos Cuarenta Vendimias, Cucú, Carrasviñas y Martivillí”. En ese momento, la señora ya colapsa definitivamente; entra en parada respiratoria y uno de los hombres que venía con ella la socorre como puede, “Pide Martivillí, que está bueno”. Mentira; ni siquiera recuerda haberlo probado, pero le suena el nombre de otro bar.
Nadie sale herido esta vez. Al final, todo termina bien porque el Martivillí está frío y la compañía es buena, pero esta situación se da tantas y tantas veces en la capital pucelana y en otros tantos rincones del país. Todo por no curiosear un poco cada día. Está claro que la señora no quería Pariente; de otro modo, lo habría dicho enseguida, pero tardó bastante. El subconsciente le estaba pidiendo algo, pero no sabía qué; un verdejo diferente, quizá. Un amigo nuevo y no ese pariente que ya le hastía. También puede ser que no esperase la pregunta y le diera muy igual qué Verdejo. En cualquier caso, vamos a intentar echarle un cable.
Verdad es que casi hay más vinos que personas y el panorama del verdejo anda un poco revuelto últimamente; ni siquiera un entendido tiene claro qué beber para quedarse contento. Por eso vamos a servirnos de la conversación original camarero-señora Pariente para tirar de unos cuantos hilos que nos dejen tejer una idea cierta y concreta sobre qué es este vino blanco y qué podemos esperar de él. También daremos algunos nombres, porque somos así de sinvergüenzas, de unos cuantos verdejos que nos gustan y otros que no tanto. En fin, será un granito de arena para que cada vez haya menos señoras Pariente y señores Martivillí.
Amargo y páramo
Verdejo es una variedad de uva blanca. El 85% del viñedo de Verdejo plantado en España pertenece a la Denominación de Origen Rueda (Valladolid y algo de Segovia y Ávila). Por eso pedir “un Rueda” y pedir “un verdejo” son casi sinónimos. Casi. En realidad, en Rueda se hacen otros blancos y se están empezando a hacer notar algunos tintos y rosados curiosos. No obstante, no nos engañemos; el 85% (otra vez) de la uva plantada en Rueda es Verdejo.
Otro día hablaremos de Sauvignon Blanc, Palomino, Viura, Viognier y demás flora rodense. Hoy toca Verdejo 100%. En nota de cata, además de la manzana verde común a prácticamente toda uva blanca, Verdejo se sostiene la personalidad en dos pilares; amargo y páramo.
La uva Verdejo da un amargor muy particular, por genética de variedad; polifenoles del hollejo, etc. Eso genera, por un lado, que no sea tan alegre para beber como otros blancos. Por otro, le da una complejidad fuera de serie. Habitualmente, los blancos juegan en boca con dos sensaciones; alcohol y acidez. En el momento en que incorporamos el amargor, la boca pasa a tres dimensiones y sube de categoría; vino con más cuerpo, más amplio y más largo. En cuanto a páramo, es una licencia poética de Ley Seca; hay quien lo llama hinojo, herbales o, sencillamente, verde. Verdejo presenta un perfil aromático más vegetal que la mayoría de otras blancas, que presentan más fruta o flores. Ésta no; anisados, almendras, tomillo, laurel, heno… son pistas que apuntan a Verdejo.
Por esto y por todo, Verdejo es el vino blanco más consumido en España, por venta de botellas. No gusta a todo el mundo pero a quien gusta, gusta y bien. Junto con Albariño, no es un pecado decir que es la variedad blanca más importante del panorama nacional más clásico. Te contamos esto porque el primer paso para acertar pidiendo un verdejo es estar seguro(a) de que te gusta; hay bastantes otras que pueden ser más para ti.
Razas de Verdejo
Dejamos los datos de lado y vamos a lo interpretable. En esta academia tenemos a bien reflejar el panorama verdejil tratando de encajar cada vino en una de cinco categorías que intentan responder, cada una, a una realidad diferente del stock que existe; verdejos de batalla, de libro, finos, rebeldes y solemnes.
Los verdejos de batalla o verdejos que no se pueden pedir dos veces son vinos por debajo de los 5 euros que aprovechan la burbuja para facturar por rotación; algunos podrían ser perfectamente graneles, pero se embotellan para ampliar nicho. Hablamos de Pimpollo, Mayor de Castilla, Pata Negra, Blume, Vinteo y el reino de los porparas (vinos elaborados por bodegas bajo otra marca); Arribeño, Estilete, Veliterra, Cune, Etcétera y etc. En el limbo estarían los muy básicos de, por ejemplo, Cuatro Rayas, Mocén y Marqués de Riscal. Son vinos, no malos, pero organolépticamente muy limitados. Representan una tendencia peligrosa del verdejo a ser excesivamente competitivo a costa de resignar el paladar del consumidor. Son más comunes en supermercados que en hostelería, donde se tiende a pasar directamente al verdejo de libro, que inauguramos a partir de los 6 euros.
Verdejo de libro no es una connotación en absoluto negativa; refiere a que son canónicos, y a que responden bastante a rajatabla a lo que se entiende por característico de la variedad. Son vinos, también, siempre jóvenes aunque podemos meternos ya con algo de lía. El único “problema” de estos vinos, entonces, es que hay muchos muy parecidos. No los convierte por ello en peores, pero sí; fabrican, entre todos, un hastío en el consumidor maduro que espera de etiquetas diferentes sensaciones diferentes. Por eso son verdejos que no se deben pedir dos veces; porque lo interesante es indagar en ellos para ir cogiéndole el gusto a unos más que a otros. Sin duda, es el grupo más didáctico para quien se inicia en el verdejo, y más agradecido; cada uno cuenta con su leve interpretación y algunos son auténticas perlas relación calidad-precio. Por supuesto, solo vamos a mencionar de éstos.
Hablamos de Protos, Carrasviñas, Palacio de Bornos, Diez Siglos, Ramón Bilbao, Beronia, Tresolmos, Tres Pilares, Emina, Flor Innata, Oro de Castilla, Hijos de Alberto, Cuarenta Vendimias, Valdecuevas… en fin, todo el equipo titular de las barras en Valladolid. Por supuesto, aquí entran Martivillí y José Pariente. Dedicaremos a éstos, no obstante, reflexión aparte más abajo.
Verdejos finos es nuestro grupo de capricho en el que salvamos, por un lado, algunos verdejos de libro y por otro, entramos en perfiles de más alta expresión sin abandonar la ortodoxia. Proyectos que andan haciendo bien las cositas y que, a nuestro juicio no objetivo, son una elección ligeramente más inteligente que los de libro. Suelen ya implicar más de 10 euros, pero no todos. Encantados de presentaros verdejos que se pueden pedir dos veces; Menade, Nidia, Pita, Cucú, Harenna, Valdelagunde, Bellorí, Javier Sanz, Pandora, Botón de Gallo, La Capilla, Quintaluna, Shaya, Cantayano, Naia, Campo Elíseo, Quinta Apolonia… La verdad es que hay bastantes; casi cada bodega de la DO (casi) que se precie un poquito tiene su verdejo fino. Si encuentras alguno por ahí, pídelo con la tranquilidad Ley Seca.
Vamos a verdejos rebeldes, o también, verdejos que se deben pedir dos veces. En realidad, podrían incluirse en el grupo anterior, pero nos gusta separarlos porque, enológicamente, tienen un discurso que rompe algo y acierta. Harenna, por ejemplo, que ya hemos mentado, tiene su versión Tinaja. Menade tiene su versión maloláctica en Nosso. Casi todo lo de Microbio y Esmeralda García es indómito. También Malcorta, Caraballas, Barco del Corneta, Cantosán, Lirondo y otro etc semilargo de parcelarios y fermentados en barrica.
Verdejos solemnes no atiende necesariamente a los más caros del club, aunque la tendencia es a que sí. Hablamos de interpretaciones, ya, casi de culto a esta variedad castiza tan fría, dura y elegante como la tierra que la ve nacer. Una raza superior. Tomás Postigo tiene que ir el primero, pero no se puede dejar muy lejos a Ossian, La Misión, La Otea, Finca Saltamontes, Mónica Fernández o Pita Terracota. Nos gustaría recomendarte Capitel o los altos de Belondrade, pero no son para mortales como nosotros; aún no los hemos probado, pero su fama es indiscutida. No es probable que los encuentres por copa; son más de botella y casi mejor, porque son verdejos que merecen llevarse dos botellas (si se puede).
El misterio de Pariente
En realidad, no hay ninguno. Y pobrecitos, van a pensar que les tenemos manía. Nada más lejos; es un verdejo cojonudo.
El asunto es que, a día de hoy, es la víctima blanca, como lo fue más también Martivillí en su día, de un fenómeno absurdo llamado moda esnob, porque no es un verdejo cualitativamente mejor que el resto, pero tiene una distribución profusa que lo mete hasta en la sopa. Además, cuesta un 50% más solo por llamarse. Y eso perjudica el bolsillo del pobre inquieto del vino y no podemos estar a favor de eso.
En Valladolid, es tiempo de Carmelo para tintos, Salvueros para rosados y Pariente para blancos. Haz la prueba en cualquier barra del centro. Antes fueron Carramimbre, Protos, Rejadorada, Viña Picota, Sinfo, Yllera o Cuatro Rayas. Cada par de años, sin ser exacto, se rota y una o dos referencias se ponen en boca de todos para convertirse en el injustificado pan de cada día.
Conclusiones
Total, que la señora Pariente se fue sin probar Cucú, que es un verdejo bien cuco, Cuarenta Vendimias, que es el bonito de Cuatro Rayas y Carrasviñas, que es bastante menos de libro que Martivillí. Se fue a la opción menos inquieta y, además, la próxima vez, seguirá pidiendo Pariente. No parecía todo tan desastre. En realidad no lo es. Solo es vino.
Menos mal que tú, después de esta perorata, te llevas nombres y porqués que te harán empezar a pedir Verdejo como Dios manda. Ya casi no tomarás dos veces el mismo. Y ya no te pillarán cuando el camarero te pregunte cuál, ni te resignarás a los nombres que conoces por no errar. Y podrás ser la pesadilla del grupo con lo de «No te pidas ese; pídete este otro, que te va a gustar más». Enhorabuena y gracias por llegar hasta aquí y, sobre todo, por quedarte con algo de aquí en adelante. Juntos haremos del mundo del vino un sitio menos aburrido.